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18 junio 2026 · 7 min de lectura

Cuánto cuesta una página web para una empresa en 2026

Nadie te puede dar un precio por teléfono sin saber qué necesitas. Lo que sí se puede explicar es qué mueve la cifra, qué debería incluir cualquier presupuesto y qué preguntar antes de firmar.

Es la primera pregunta de casi todas las conversaciones, y es una pregunta justa. El problema es que la respuesta honesta —depende— suena a excusa cuando en realidad es la única respuesta posible antes de saber qué necesitas.

Así que en lugar de darte una cifra que no significaría nada, voy a explicarte qué hay detrás de un presupuesto de web. Con esto podrás leer el mío y el de cualquier otro, y entender por qué uno vale la mitad que el siguiente.

Por qué nadie serio te da un precio por teléfono

Una web no es un producto de catálogo. "Una web para mi empresa" puede significar cinco páginas explicando a qué te dedicas, o puede significar un catálogo con cientos de referencias, un configurador de producto y una conexión con tu programa de facturación. Las dos cosas se llaman web.

Quien te suelta una cifra cerrada en el primer minuto está haciendo una de estas dos cosas: te va a montar una plantilla sin mirarte, o va a subir el precio a mitad de proyecto cuando aparezca lo que no preguntó. Ninguna de las dos acaba bien.

Lo que de verdad mueve la cifra

Cuántas plantillas distintas hay que diseñar

No cuentan las páginas, cuentan las plantillas. Una web con cuarenta páginas de servicio que comparten el mismo diseño es un trabajo; una web de seis páginas donde cada una es distinta es otro bastante mayor. Cuando pidas presupuesto, habla de tipos de página: portada, servicio, catálogo, ficha, contacto, blog.

Si vendes o solo informas

Una web corporativa termina en un formulario. Una tienda online empieza donde la otra acaba: fichas de producto con variantes y stock, zonas y precios de envío, pasarela de pago, correos de pedido, devoluciones. Es la diferencia más grande del presupuesto, y con diferencia.

Quién escribe los textos y quién hace las fotos

Esto sorprende a mucha gente. El desarrollo puede estar terminado y el proyecto parado durante semanas porque faltan los textos. Si los escribes tú, el presupuesto baja y el calendario depende de ti. Si los tiene que escribir alguien, es una partida más.

Con las fotos pasa igual. Yo no hago fotografía de producto, y prefiero decirlo antes que entregarte un catálogo con fotos hechas con el móvil sobre una mesa.

Si hay que migrar algo

Rehacer una web que ya existe cuesta más que empezar de cero, y merece la pena. Hay que inventariar las direcciones actuales, decidir qué se conserva y redirigir con 301 lo que cambia de sitio. Si nadie hace ese trabajo, el día del lanzamiento pierdes de golpe todo lo que esa web tenía ganado en Google.

Idiomas

Cada idioma es contenido nuevo, estructura nueva y mantenimiento nuevo. Una web en dos idiomas no cuesta el doble, pero tampoco cuesta lo mismo.

Integraciones

Conectar la web con un programa de facturación, con un sistema de reservas o con el catálogo de tu proveedor es desarrollo, no configuración. Si tienes algo de esto en mente, dilo en la primera conversación: es exactamente el tipo de cosa que hace que un presupuesto se quede corto.

Qué pasa después de entregarla

Una web viva necesita alojamiento, copias, actualizaciones y alguien que responda cuando algo se rompe. Puede ser una cuota o puede ser trabajo puntual, pero no es cero. Un presupuesto que no menciona el después está incompleto.

Los presupuestos que te van a llegar

Normalmente vas a recibir tres tipos de propuesta muy distintas.

La plantilla montada rápido. Barata y en poco tiempo. Funciona si lo que necesitas es estar presente y punto. El coste real aparece más tarde: te parecerás a otras cien webs y cualquier cambio de fondo obliga a rehacerla.

La web a medida. El diseño se decide antes de construir, la estructura se piensa alrededor de lo que vendes y el resultado es tuyo. Cuesta más y tarda más porque hay una fase de decisiones antes del desarrollo.

La agencia con equipo. Diseñador, redactor, desarrollador y gestor de proyecto. Es la opción cara y es la correcta cuando el proyecto es grande de verdad.

Ninguna de las tres es la buena en abstracto. La mala es la que no encaja con lo que necesitas.

Qué debería incluir cualquier presupuesto

  • El número de plantillas de diseño y qué pasa si pides una más.
  • Cuántas rondas de cambios entran y qué se considera un cambio.
  • Quién aporta textos e imágenes.
  • Si el diseño se ve antes de construirlo, y dónde.
  • Adaptación a móvil, tablet y escritorio, dicha explícitamente.
  • Metadatos y estructura para buscadores. No promesas de posiciones: estructura.
  • Qué pasa con las direcciones antiguas si la web ya existía.
  • A nombre de quién quedan el dominio, el alojamiento y los accesos.
  • Qué incluye el mantenimiento y qué no.

Si un presupuesto no responde a esto, no es más barato: es menos concreto.

Preguntas que deberías hacer antes de firmar

¿La web es mía? Dominio, alojamiento y accesos deben quedar a tu nombre. Si te la alquilan, el día que quieras irte no te llevas nada.

¿Puedo editarla yo? Si la respuesta es "llámame y te lo cambio", cada frase futura tiene un coste y una espera.

¿Qué pasa si se rompe? Pregúntalo antes de que pase, no después.

¿Me garantizas salir el primero en Google? Si alguien dice que sí, cierra la conversación. Lo que se puede garantizar es el trabajo técnico: velocidad, estructura, metadatos y datos estructurados. El buscador no lo controla nadie, y sobre eso escribí aparte en rendimiento y SEO técnico.

Cómo lo hago yo

Hablamos, me cuentas qué necesitas y para cuándo, y te digo si puedo y qué cuesta. Ves el diseño antes de que exista nada, con revisiones por el camino. Y cuando la entrego, la web es tuya: dominio, alojamiento y accesos a tu nombre, por escrito.

Si quieres una cifra para tu caso, cuéntame qué necesitas y te la doy con el alcance delante.